Cómo usar la radiofrecuencia con criterio

La radiofrecuencia no es un tratamiento mágico, ni sirve igual para todas las pieles.
Usarla bien no depende solo de la máquina, sino de a quién se aplica, con qué objetivo y en qué condiciones.

Cuando se usa con criterio, puede mejorar la calidad de la piel.
Cuando se usa sin él, no hace nada… o incluso empeora el problema.

Qué hace realmente la radiofrecuencia

Dicho de forma sencilla:

  • Aplica calor controlado en las capas profundas de la piel.
  • Ese calor provoca una contracción inmediata del colágeno existente.
  • Y, con el estímulo adecuado, puede favorecer la formación de nuevo colágeno con el tiempo.

Pero aquí está la clave:
👉 No todas las pieles tienen la misma capacidad de respuesta.

No es lo mismo una piel joven que una piel madura

Piel joven (aprox. <40 años)

Una piel joven suele tener:

  • Buena reserva de colágeno.
  • Capacidad alta de regeneración.
  • Flacidez leve o incipiente.
  • Objetivos más preventivos que correctivos.

En estos casos:

  • La radiofrecuencia puede funcionar como mantenimiento.
  • Los parámetros suelen ser más suaves.
  • El margen de error es mayor.

👉 Por eso, una piel joven puede tratarse correctamente en un entorno estético bien formado, siempre que no se prometan milagros.

Piel madura (aprox. >45–50 años)

Aquí el escenario cambia por completo.

Una piel madura suele presentar:

  • Pérdida real de colágeno y elastina.
  • Flacidez estructural, no solo superficial.
  • Cambios hormonales (especialmente tras la menopausia).
  • Menor capacidad de regeneración espontánea.

En este contexto:

  • El calor mal aplicado no estimula, agota.
  • Los parámetros importan mucho más.
  • Hay que saber hasta dónde se puede llegar… y hasta dónde no.

👉 Esto ya no es prevención: es intervención.

Y la intervención requiere conocimiento profundo de la piel, no solo experiencia con una máquina.

Entonces, ¿qué tipo de radiofrecuencia es mejor en cada caso?

En piel joven

  • Radiofrecuencia no invasiva.
  • Potencias moderadas.
  • Protocolos de mantenimiento.
  • Objetivo: calidad de piel y prevención.

Puede funcionar bien en estética si hay criterio y límites claros.

En piel madura

  • Radiofrecuencia médica o médico-estética.
  • Equipos con control preciso de energía y profundidad.
  • Evaluación previa del estado real de la piel.
  • Objetivo: mejorar estructura, no solo “tensar”.

Aquí no basta con saber manejar la máquina.
Hay que saber qué piel tienes delante y qué puedes esperar de ella.

El error más común: tratar todas las pieles igual

Uno de los fallos más habituales es este:

  • Usar el mismo protocolo en una piel de 30 que en una de 60.
  • Pensar que “más sesiones” compensa una mala indicación.
  • Confundir sensación de calor con eficacia real.

La radiofrecuencia no es inocua.
Mal indicada, solo produce frustración y resultados pobres.

Por qué en piel madura el enfoque debería ser médico

No es una cuestión de títulos, sino de responsabilidad.

En piel madura entran en juego factores como:

  • Cambios hormonales.
  • Estado real del colágeno.
  • Capacidad de reparación tisular.
  • Expectativas realistas del paciente.

👉 Eso exige un enfoque clínico, aunque el tratamiento no sea quirúrgico.