La radiofrecuencia no es una solución universal.
Hay zonas y situaciones en las que, sencillamente, no funciona, por muy buena que sea la máquina o por muchas sesiones que se hagan.
Saber dónde no usarla es tan importante como saber cuándo sí.
Cuando el problema no es la piel
La radiofrecuencia actúa sobre la calidad de la piel, no sobre todo lo que hay debajo.
No funciona cuando el problema principal es:
- Grasa profunda.
- Exceso importante de piel.
- Alteraciones musculares.
- Cambios estructurales del tejido.
En estos casos, aplicar radiofrecuencia no corrige la causa real.
Zonas donde la radiofrecuencia suele fallar
Abdomen con exceso de grasa profunda
Cuando la barriga se debe sobre todo a:
- Grasa visceral.
- Acúmulo graso profundo.
- Falta de tono muscular marcada.
La radiofrecuencia:
- No reduce ese volumen.
- No aplana el abdomen.
- No sustituye a otros enfoques
Aquí, el calor no llega donde está el problema.
Brazos con flacidez severa
En brazos muy descolgados, con exceso claro de piel:
- La radiofrecuencia no “recoloca” el tejido.
- Puede mejorar mínimamente la textura.
- Pero no cambia la forma del brazo.
Prometer resultados visibles en estos casos es poco realista.
Muslos con flacidez estructural
Cuando hay:
- Flacidez marcada.
- Piel sobrante.
- Cambios importantes tras grandes pérdidas de peso.
La radiofrecuencia:
- No corrige el exceso de piel.
- No redefine el contorno.
- No sustituye otros tratamientos.
Cara interna de rodillas
Es una zona especialmente compleja:
- Piel muy fina.
- Poco tejido de soporte.
- Tendencia a flacidez estructural.
La radiofrecuencia suele dar:
- Resultados muy discretos.
- Poco duraderos.
- Alta frustración si se prometen cambios visibles.
Piel muy dañada o muy envejecida
En pieles con:
- Pérdida severa de colágeno.
- Aspecto muy adelgazado.
- Capacidad de regeneración muy baja.
La radiofrecuencia:
- Apenas estimula.
- Puede incluso agotar el tejido.
- No produce el efecto esperado.
Aquí, más sesiones no solucionan el problema.
El error más común: insistir donde no toca
Uno de los fallos más habituales es:
- Repetir sesiones esperando que “alguna vez funcione”.
- Aumentar potencia sin cambiar la indicación.
- No reevaluar el caso.
Cuando la radiofrecuencia no funciona, no es porque falten sesiones, sino porque no era el tratamiento adecuado.