La radiofrecuencia puede mejorar la calidad de la piel en la zona de la papada y el óvalo mandibular,
pero no redefine el contorno facial por sí sola cuando el problema es estructural.
Funciona bien en casos seleccionados. En otros, no es suficiente.
Qué ocurre en esta zona con el paso del tiempo
La papada y el óvalo mandibular son zonas especialmente sensibles al envejecimiento porque confluyen:
- Flacidez cutánea
- Acúmulo de grasa submentoniana
- Pérdida de soporte óseo y ligamentoso
- Descenso de los tejidos
- Influencia genética y postural
Por eso, no todos los casos responden igual a la radiofrecuencia.
Qué puede mejorar la radiofrecuencia
En esta zona, la radiofrecuencia puede:
- Mejorar la firmeza de la piel
- Aportar un efecto tensor ligero
- Suavizar la transición cuello–mandíbula
- Mejorar la calidad global del tejido
El resultado suele ser sutil y progresivo.
En qué casos responde mejor
Suele funcionar mejor cuando:
- La flacidez es leve o moderada
- No hay exceso importante de grasa
- La piel conserva cierto grosor
- El desdibujamiento del óvalo es incipiente
En estos casos, puede ayudar a mantener el contorno y retrasar su deterioro.
Cuándo la radiofrecuencia no es suficiente
No suele ser eficaz cuando:
- Hay papada marcada por grasa
- Existe descolgamiento evidente
- El óvalo está muy perdido
- Hay laxitud profunda de tejidos
En estos casos, insistir con radiofrecuencia no redefine el contorno.
El error más frecuente
Pensar que:
“Marca la mandíbula” o “elimina la papada”.
La radiofrecuencia:
- No elimina grasa
- No reposiciona tejidos
- No sustituye soporte perdido
Por eso, los cambios son limitados cuando el problema no es solo cutáneo.
Cuándo tiene sentido usarla
Tiene sentido cuando:
- Se busca una mejora discreta
- Se quiere mantenimiento
- El problema es principalmente cutáneo
- Forma parte de un plan combinado
No cuando se espera un efecto de perfilado marcado.
Otras opciones cuando la radiofrecuencia no es suficiente
En determinados casos, puede tener más sentido valorar alternativas que actúan a otro nivel del tejido, como:
- Tratamientos orientados a reducir grasa localizada
- Técnicas que aportan soporte o redefinen el contorno
- Procedimientos mínimamente invasivos
La elección del tratamiento adecuado debe basarse siempre en una valoración individual, teniendo en cuenta la anatomía, la calidad del tejido y los objetivos realistas de mejora.