La radiofrecuencia no es para todo el mundo ni funciona igual en todas las edades.
Saber si te conviene depende más de cómo está tu piel que del aparato en sí.
A partir de los 50
A partir de la menopausia, cuando el descenso hormonal acelera la pérdida de colágeno, la radiofrecuencia puede mejorar la firmeza solo si la piel conserva cierta densidad y capacidad de respuesta al calor.
Es útil sobre todo en flacidez leve del rostro, cuello o brazos.
Cuando la piel está muy adelgazada o ha perdido gran parte de su colágeno, el resultado suele ser discreto y, en muchos casos, insuficiente por sí solo.
En estas situaciones, conviene combinarla con otros procedimientos con una estimulación más profunda —como la bioestimulación con factores autólogos o el láser fraccionado suave— siempre tras valorar la calidad real del tejido.

Entre los 35 y 50
Es la franja en la que la radiofrecuencia suele ofrecer mejores resultados.
La piel todavía mantiene capacidad de regenerar colágeno, y el tratamiento ayuda a conservar tono y contorno.
Se aprecia especialmente en mejillas, línea mandibular y abdomen tras cambios de peso o embarazos.
No sustituye una buena protección solar ni tratamientos dermatológicos cuando existe daño solar intenso o manchas marcadas.
Menores de 35
Puede utilizarse de forma puntual en pieles finas o con tendencia precoz a la flacidez, aunque no suele ser imprescindible.
En la mayoría de los casos, bastan hábitos saludables, buena hidratación y evitar el exceso de radiación ultravioleta.
En hombres
La respuesta es similar, aunque la piel masculina —más gruesa y con mayor densidad de colágeno— suele requerir potencias algo más altas y sesiones bien calibradas.
No todos toleran igual el calor, por lo que el ajuste debe hacerse con especial cuidado.
Cuándo sí conviene
- Flacidez leve o moderada sin exceso de piel.
- Deseo de mejorar la calidad cutánea sin inyecciones ni cirugía.
- Mantenimiento tras tratamientos más intensivos.
- Personas con expectativas realistas: mejora progresiva, no cambios radicales
Cuándo no conviene
- Flacidez severa o descolgamiento evidente: la radiofrecuencia no reposiciona estructuras.
- Piel muy fina y seca, con escasa capacidad de respuesta al calor.
- Personas de edad avanzada sin respuesta térmica suficiente: el efecto será mínimo.
- Presencia de marcapasos, implantes metálicos o ciertas patologías: está contraindicada.
En estos casos, pueden valorarse otras opciones según el estado de la piel:
- Bioestimulación dérmica o inductores de colágeno.
- Láseres fraccionales no ablativos para estimular capas más profundas.
- Tratamientos combinados tras una valoración personalizada.
Valor real del tratamiento
La radiofrecuencia no elimina arrugas profundas ni redefine el óvalo facial, pero puede aportar una mejora visible en textura y firmeza cuando se aplica en el momento adecuado.
La clave está en valorar si la piel aún responde.
Eso no se decide leyendo una web, sino en consulta.
La radiofrecuencia es una herramienta útil, pero no mágica.
En buenas manos y en el momento adecuado, puede ser una aliada discreta dentro de un plan de cuidado progresivo.